martes, 21 de diciembre de 2010

Pedals del Cister

El pasado mes de junio queríamos ir a hacer la Ruta del Cister con nuestro buen amigo Jordi Puig. Iban a ser dos o tres días de mountain bike, monasterios, bocatas de fuet, vivacs en el bosque... pero el destino quiso que días antes me lesionara el tobillo en el Montsec de l'Estall, haciéndome mi famoso esguince.
Sergio y Jordi, como buenos compañeros bikers, se solidarizaron conmigo y con mi pata chula, y abortamos el plan. Otra vez será...

Mientras tanto, en La Riera de Gaià, Mia Sunyer y Gemma Rosell preparaban una receta explosiva: la Pedals del Cister*.

Pasaron los meses, y en noviembre, en plena forma tras el viaje a Marruecos, sucumbimos a la tentación de esta nueva ruta de Pedales del Mundo y nos plantamos en la oficina de Pedals del Cister dispuestos a darlo todo.
Puro mountain bike, sin alforjas y durmiendo en hoteles. Vaya lujo!!! Nada podía apetecernos más.

Desde el primer kilómetro nos dimos cuenta de que la ruta era técnica. Y exigente. Mia y Gemma no habían exagerado en sus advertencias. Sin embargo, nada nos resultaba más gratificante que ir superando obstáculos, sumando kilómetros y acumulando desnivel a través de caminos, senderos y trialeras de todo tipo. Después de tantos días con alforjas estábamos disfrutando de lo lindo, incluso en las durísimas rampas del Comaverd!!! Tras 60 km de fuertes emociones, llegamos a Rocafort de noche, con los frontales en ristre y dos pinchazos.

La segunda etapa no fue para menos, trialeras y senderos de órdago nos sorprendieron entre Els Omells de Na Gaià y Senan, sometiendo a examen nuestras dotes bikers. Para culminar la fábula y sentirnos como auténticos reyes pasamos la noche en el Castillo de Riudabella, un oasis de paz y confort.

El tercer día quisieron unirse un rato a la fiesta los creadores de la ruta, acompañándonos durante la ascensión a La Pena. Pero al llegar a las puertas de la trialera de Farena, Mia y Gemma nos abandonaron a nuestra suerte. Salimos airosos de tamaño desafío (básicamente porque hicimos gran parte a pie) y pusimos rumbo a Mont-ral sin perder tiempo. Cuando llegamos a Vilaverd no éramos seres humanos, pero una buena dosis de donuts y cacaolat, una ducha caliente y una riquísima cena consiguieron devolvernos a la vida.

Por suerte para nuestros derrotados cuerpos, sólo quedaban 56 kilómetros para completar el recorrido. Estábamos muy cerca de anotarnos una nueva victoria biker. El punto álgido de la cuarta etapa llegó al final, en los magníficos senderos de El Catllar, que nos dejaron extasiados y hechizados. Al llegar al kilómetro 220, fin de la ruta y oficina de Pedals del Cister, nos tomamos unas ricas cervezas Rosita para celebrarlo. Habíamos hecho la Pedals del Cister. Nos sentíamos mejores bikers.

*La Pedals del Cister, de 220 kilómetros con 4.500 metros de desnivel positivo acumulado, comparte con la Ruta del Cister algún tramo cercano a los monasterios de Santes Creus, Vallbona de les Monges y Poblet, pero es una ruta de btt mucho más larga, técnica y emocionante, hecha y pensada por bikers, y con los ingredientes estrella de las Montañas de Prades y la Costa Dorada.